Tanned Tin 2008 – Viernes

La resaca del vienes por la mañana hizo que madrugase más de la cuenta. Así, a las nueve y media ya estaba levantado, y tras un tranquilo desayuno y un paseíto por el centro de Castellón, nos dirigimos al Casino para disfrutar de la primera de las jornadas matinales. Ahí nos encontramos con Paul Marshall, su guitarra y su estupenda voz de trovador medieval. Una estupenda sorpresa la verdad. Mayoritariamente tocó temas nuevos de su próximo disco, aunque mi favorita fue una arrolladora “We could use your blood“. Por su parte, Voice of the seven woods siguió en la misma línea que su paisano inglés, aunque sus canciones quizá pequen un poco de falta de diversidad. Así, los temas en los que no cantaba se hacían algo largos y cansinos, de todos modos bastante disfrutable. La cerveza fue la culpable que escuchase a R.G. Morrison desde la distancia, y no lo suficiente como para poder siquiera juzgarlos.

Ya por la tarde, la obligada siesta y la crónica del jueves me hicieron perderme a Ora Cogan. Llegué justo para Barzin; los de Toronto son de esos grupos que sin practicamente esfuerzo consiguen que disfrutes su concierto, pero sin llegar a niveles de emoción que ofrecen grupos como Red House Painters o Codeine. Así a todo, casi se me cae la lagrimilla con “Let’s go driving“. Pasé de Thalia Zedek y la tarde noche continuó con The Declining Winter; debido a mi pasión por Hood, suelo ser bastante escéptico con todo lo que los hermanos Adams hacen en solitario. Sin embargo, una vez más mis recelos rápidamente quedaron olvidados ya que las canciones de “Goodbye, Minnesota” ganarón y mucho con un set analógico, en formación de seis y acompañado de dos violines; uno de esos conciertos en los que la imaginación suple con creces las carencias técnicas y falta de ensayo.

Todo lo contrario se puede decir de Audrey, un grupo sueco muy falto de ideas y de canciones y cuyo final de concierto acabé sacrificando por otro par de cervezas.  Poco importó la verdad, ya que la tripleta de conciertos que vinieron a continuación fue digna de un festival del tamaño del Primavera Sound. Zu, Dälek y Neptune ofrecieron una contundencia en sus shows pocas veces vista en el Tanned Tin. Abrieron la recta final los italianos, con un bajista que no es de este mundo y un sonido primigenio sólo comparable a Shellac. Continuaron los americanos Dälek; una auténtica apisonadora ritmica que sin duda alguna se convirtió en el concierto más bailado de la historia del festival. Para cerrar los también americanos Neptune, que aunque no me gustaron tanto como los anteriores, conseguían sacar unos sonidos inverosímiles con sus instrumentos reciclados. La verdad es que parecían sacados de Mad Max.

En fin, el caso es que el subidón fue tal que acabé subido en un taxi con David Thomas Broughton y Gareth y Elaine de The Declining Winter, en dirección a un garito de mala muerte en los polígonos. Aparentemente el único local abierto a esas horas en Castellón.

18. November 2008 by Mediosordo
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