Haldern Pop 2009 – Crónica

Mi primera visita al festival Haldern Pop en Alemania no pudo haber sido más satifactoria. El festival tiene lugar en las afueras de un pequeño pueblo llamado Haldern, situado en la zona del Rin Norte-Westphalia, a apenas 10 minutos de la frontera con Holanda, y en un entorno totalmente rural.

Lo primero que llama la atención es que a pesar de que el festival acoge a 5.000 personas (las entradas agotadas con dos meses de antelación), puedes aparcar practicamente en la entrada del recinto; justo enfrente del camping, que curiosamente, permite aparcar tu coche al lado de la tienda de campaña, algo bastante inusual.  Así a todo nosotros estábamos alojados en una casa rural a unos 10 minutos en coche, y entre la dificultad para encontrarla y la mañana de turismo que tuvimos en Brujas, llegamos a Haldern muy tarde; por lo que nos perdimos la mayoría de los conciertos del jueves, y la caída del cartel de Soap & Skin fue menos dolorosa. De todos modos, andábamos bastante chafados, ya que también nos perdimos a Wildbirds & Peacedrums y a Broken Records, que teníamos muchas ganas de ver en concierto. Para más inri llegamos de noche, con el concierto de Wintersleep recién empezado, y con la carpa donde tocaban abarrotada y una buena cola en el exterior. Al ver que nos sería imposible entrar, nos sentamos a disfrutarlo en el exterior de la carpa, donde habían habilitado una gran pantalla gigante y unos altavoces que aunque no eran ninguna maravilla, sonaban lo suficiente bien como para disipar nuestro enfado.
Esa noche no vimos ningún concierto más, ya que estábamos bastante cansados y tan sólo quedaba uno en la carpa (el primer día no hay conciertos en el escenario principal), aunque sí tuve tiempo para descubrir el sistema de vaso reciclable por el cual te devuelven un Poptaler (moneda del festival=1,20€) por cada vaso que devuelvas: una cerveza (33cl) costaba dos poptalers, uno más sino lo acompañabas de tu vaso usado. Tengo que decir que en ningún momento esto fue un inconveniente, y si acaso incentivaba todavía más el consumo ya que en ocasiones me encontraba disfrutando de una cerveza “gratis” por la acumulación de vasos de mis anteriores consumiciones o de las de mis acompañantes.

El segundo día; viernes, también hicimos bastante turismo, en esta ocasión Amsterdam, que está a poco más de una hora en coche del festival, y aunque a las ocho de la tarde ya estábamos en el recinto nos perdimos a Final Fantasy, Port O’Brien, Noah and The Whale y Woodpigeon, que nos hubiese gustado ver. Llegamos con el concierto de  la sueca Ana Terheim ya empezado, y las cuatro canciones que pudimos oir sonaban a gloria. Había escuchado su último disco “Halfway to Fivepoints” unas cuantas veces, y no estaba del todo mal, pero en directo ganó muchos enteros y la verdad es que juzgando los aspavientos del público se notaba que por Alemania es muy bien recibida. La sueca tocó en el escenario principal, situado en un claro rodeado de árboles y de los típicos stands de mercadillo/bebida/comida, y donde se estaba muy a gusto; pero nada que ver con la preciosa carpa del otro escenario, donde disfrutamos de los mejores conciertos del festival. La carpa era totalmente cerrada por los laterales, como un pequeño circo, y una vez dentro veías que estaba llena de pequeños espejos y cristales multicolores, dándole un encanto casi mágico. El primer concierto que vimos allí fue el de Colin Munroe, un jovenzuelo canadiense que  parece llevase toda la vida codeándose con las estrellas del Hip-Hop y el R&B. Aunque no sonaba igual de producido que en su disco de debut (que al parecer aún no ha salido, pero que ya circula por la red), sí mantenía la frescura pop de este. Me dá que no hay que quitarle ojo en los próximos años.
El concierto de Loney, Dear era probablemente el más esperado y el principal motivo de mi visita a tierras alemanas, y aunque fue de nivel notable, supuso un pequeño bajón tras el espectáculo de Colin Munroe. Y eso que el sueco parecía esforzarse en rehacer sus propias canciones, cambiando la tonalidad en la que cantaba muchas de ellas, y encontrándose a gusto sobre el escenario. Me gustó, pero probablemente las expectativas estaban tan altas que iba a ser imposible cumplirlas.
El último concierto del día iba a ser mi reencuentro con Gravenhurst tras el pequeño fiasco de su concierto en el Primavera hará cuatro o cinco años; y en esta ocasión, sólo encima del escenario se redimió con creces. Estaba (yo) en una nube de principio a fin, casi hermanado en silencio con el público que me rodeaba, hipnotizado por algunas joyas que hacía años que no escuchaba como “Black Holes in the Sand“.

El tercer y último día de festival no hubo turismo, y sí una auténtica maratón de conciertos digna del Primavera Sound, con once conciertos; ocho de ellos enteros. Comenzamos el día con Dear Reader en el escenario principal y nos quedamos con ganás de más, ya que (como no) llegamos tarde y tan sólo pudimos ver la mitad del concierto.  Me moló mucho como un grupo tan supuestamente delicado como los sudafricanos usan el tan manido pedal de loops para ir ganando en intensidad y fuerza en sus canciones, sin perder un ápice de dulzura.
Un ratillo de descanso para refrescarse con unas cervezas, y de vuelta al escenario grande para Grizzly Bear; en un concierto estupendo, más animados de lo que los recordaba en el Primavera hace dos años, y bajo un sol abrasador que parecía que estuviésemos en Ourense. Menos mal que a mitad de concierto de la zona del backstage salió un tractor remolcando un tanque de agua y comenzó a regar a todo aquel que se acercase. No quedó nadie seco.
El primer concierto en la carpa fue retrasado una hora y media (pienso) por el excesivo calor del sábado. A las cinco y media, cuando comenzó el concierto de William Fitzsimmons, era tolerable; pero bien hidratado con cerveza fresquita. El de Pittsburg, que al parecer es bastante popular entre las féminas debido a la inclusión de muchas de sus canciones en la serie Anatomía de Grey, sustituyó la eléctronica austera de sus discos por una segunda guitarra que fue todo un acierto. Al finalizar, salimos pitando para ver a Bon Iver en el escenario principal. Comencé a escucharlo tumbado al sol (ya tolerable) dejándome llevar, pero fue tal la intensidad que acabé levantándome y viéndolo casi en primera fila. Cayeron muchos de los (ya) clásicos del “For Emma, Forever Ago”, y los tres temas buenos del EP “Bloodbank“. Hubiese estado bien algún tema inédito.
Nos fuimos corriendo para la carpa ya que allí estaban los islandeses Hjaltalín. Como era de prever llegamos en la recta final de su concierto, disfrutando de apenas cuatro temas, el último de ellos el único “bis” que pudimos ver en todo el festival, y curiosamente fue una excelente versión del “Don’t stop till you get enough” de Michael Jackson.
El subidón continuó con The Thermals; por un momento me ví de nuevo con 20 años a finales de los noventa, disfrutando con los estribillos acelerados de Superchunk. Apenas conocía un par de canciones de los americanos, pero su concierto se me hizo muy entretenido, con versión del “100%” de los Sonic Youth incluída.
Por desgracia, Andrew Bird supuso un bajón anímico, ya que su concierto fue bastante soporífico. Así, aprovechamos para cenar y coger energías para lo que seguramente fue el mejor concierto del festival, el de los londinenses Mumford & Sons. Nunca pensé que disfrutaría tanto un concierto de bluegrass con aroma irlandés, pero es que los ingleses parecían una locomotora a vapor del Union Pacific con un maquinista cuya voz y físico a ratos me recordaba a los mejores tiempos de Greg Dulli.
A continuación vino Little Boots, la nueva sensación del electropop británico. Había escuchado su disco unas cuantas veces buscando conocer las canciones por si había que improvisar unos bailes, pero no cayó esa breva. La voz de la inglesa se me metió entre ceja y ceja y se me hizo mucho más chirriante que en su disco de debut. Al final la única que acabó bailando un poco fue mi parienta en el que probablemente fue el único concierto de la carpa en el que se quedó gente sin entrar (sin contar los de el jueves, que tan sólo hubo ese escenario).
Salimos a tomar el aire y ver (y escuchar) el concierto de los sudafricanos BLK JKS (dos grupos sudafricanos en el mismo festival!) desde la pantalla gigante, pero antes de permitir que el cansancio se apoderase de nosotros, volvimos al interior para la descarga eléctrica que supuso Health. Mucho más disfrutables en modo acelerado y bailable con temas como con “Triceratops” o “We are Water“, pero impactantes durante todo el concierto, sobre todo gracias al estupendo juego de luces y a la energía incontrolada que desprenden mientras tocan.
En definitiva el festival dificilmente podría haber sido mejor, la organización prácticamente impecable; salvo el hecho de que tan sólo haya conciertos en la carpa el jueves, el resto rozó la perfección: conciertos casi sin solapes, excelente limpieza en los módulos de los lavabos (donde además de los típicos reteretes unipersonales había unos módulos más grandes que eran limpiados constantemente), preparados para el barro (suelos de plástico en las zonas más transitadas) o para el calor (duchas vaporizadas dentro del recinto y el tractor con agua), la total ausencia de grandes colas en los puestos de bebidas (incluyendo un puesto de café, cocktails y batidos) y comida (que recuerde pizza, kebabs/falafel, woks, salchichas y helados), y con multitud de familias con niños (puesto de tapones para los oídos en el recinto) disfrutando el festival. Espero volver.

 

24. August 2009 by Mediosordo
Categories: Live | Tags: , , , , , | Comments Off on Haldern Pop 2009 – Crónica