Unicornibot + Lendrone @ Bar Labranza (Meiro, Bueu)

Anoche presencié un verdadero vendaval sónico en el Bar Labranza, un local en un pueblecito de esos que apenas están marcados en los mapas, pero con una programación durante estos últimos dos años que ya quisieran muchas otras salas de las urbes gallegas.

Arrancaron los coruñeses Lendrone, un trío coruñés de con claras influencias de unos primerizos Battles, y que a pesar de ser su cuarto o quinto concierto realmente apabullaron con su despliegue de sintes y demás artifactos. Guitarras sonando a sintes, sintes que sonaban como bajos, espirales eléctricas capaces de dejarte ko, graves de los que despeinan, giros y quiebros musicales que ni Romario en sus mejores tiempos, todo eso y más en un tremendo concierto que sonó ciertamente bien, y al que si habría que ponerle un pero sería el último tema, un bis forzado por la presión popular, pero que resultó demasiado disperso y no acabó de cuajar.

En esto que llega la medianoche y andaba yo pensando que a ver como superaban eso los Unicornibot, en su retorno a los escenarios tras la grabación de su flamante segundo disco “Dalle!” (Matapadre, 2012), pero es que estos pontevedreses están hechos de otra pasta. Comenzando por el ritual celofánico con el que arrancan los conciertos, allí delante de todos, expuestos al público mientras cubren sus caras y unos simpáticos chicos de la ciudad del Lérez se transforman en Unicornibot. A partir de ahí empieza el torbellino y no hay ni un momento de tregua, se suceden los temas a velocidades dignas del Trash Metal y uno no sabe para donde mirar: un bajista barbudo totalmente ido con sus movimientos espasmódicos, sus dos guitarras enfrentadas que parecen vivir en duelo constante la una con la otra, o un batería que en vez de ahogarse asfixiado por el celofán parece estar bajo esa máscara poseído por Todd Trainer, que en pleno desdoblamiento astral decidió acercase hasta las Rías Baixas. Todo esto a un volumen brutal que tras las tres primeras canciones me hacía pensar que los escasos vecinos de la aldea de Meiro debían estar todos allí metidos. Afortunadamente no hubo interrupciones, y tras una hora sin respiro donde “Dalle!” convivió con soltura con su excelente predecesor “Hare Krishna“, el concierto llegó a su final con un impresionante “SuperMarioCesar” que me dejó convencido de que a estos chicos no ya Galicia, sino España entera, se les va a quedar pequeña.

17. March 2012 by Mediosordo
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